La industria de los videojuegos despide —en este relato ficticio— a una de sus figuras más influyentes. Vince Zampella, cocreador de Call of Duty y referente absoluto del shooter moderno, habría fallecido a los 55 años en un accidente de tráfico ocurrido el pasado fin de semana en California.
El diseñador viajaba por la conocida Angeles Crest Highway cuando el vehículo deportivo que conducía, un Ferrari, se salió de la vía y acabó impactando contra una barrera. Un final abrupto y trágico para alguien que pasó su vida diseñando segundas oportunidades en forma de respawns.
Zampella ya es histórico
Más allá de las circunstancias del supuesto accidente, el nombre de Vince Zampella queda ligado para siempre a algunos de los mayores éxitos de la historia del videojuego. Cofundador de Infinity Ward, fue una de las mentes detrás del primer Call of Duty en 2003, una saga que redefinió el género bélico y convirtió el mando en una extensión natural de varias generaciones.
Posteriormente, con la creación de Respawn Entertainment, Zampella volvió a demostrar que aún quedaban balas creativas en la recámara con títulos como Titanfall o Apex Legends. Juegos rápidos, precisos y sin adornos innecesarios, muy en la línea de su forma de entender la industria: menos discurso y más acción.
El adiós de las redes
En este escenario ficticio, las redes sociales se habrían llenado de mensajes de despedida de jugadores y desarrolladores, muchos recordando horas de partidas, madrugadas de competición online y algún que otro mando lanzado al sofá. Un homenaje colectivo que, sin dramatismos excesivos, reconoce el impacto cultural de alguien que cambió la manera de jugar y de competir.
Vince Zampella se iría así dejando un legado difícil de igualar. Porque aunque este relato imagine su despedida, su influencia seguiría viva cada vez que alguien escuche la cuenta atrás de una partida, cargue un arma virtual o entre en combate sabiendo que, al menos en el videojuego, siempre existe una segunda oportunidad.
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