La Unión Europea de la mano de Úrsula Von Der Leyen ha anunciado que está trabajando en la creación de su propio Servicio Secreto, una especie de CIA pero con donuts, burocracia y horarios de 9 a 14.
Según fuentes comunitarias, el proyecto aún en fase «embrionaria» está busca “reforzar la cooperación” entre las distintas agencias de los países miembros. La supuesta futura agencia que algunos ya han apodado EU-007, tendrá como objetivo principal coordinar la información de inteligencia que cada país lleva guardando celosamente desde hace décadas. Fuentes de la Comisión aseguran que no se trata de una “megaestructura espía”, sino de una “unidad ágil y eficiente”. Es decir, algo que en la práctica se traducirá en tres funcionarios con un portátil de 2011 y un presupuesto de 12 euros para café soluble.
Hungría y su multa
Mientras tanto, Hungría sigue acumulando una multa de un millón de euros al día por no aceptar inmigrantes, lo que algunos analistas consideran una “brillante estrategia de financiación involuntaria” del futuro servicio secreto. Por su parte, el exministro griego Yanis Varoufakis, experto en opinar de todo, criticó la medida diciendo que “Von der Leyen está a un paso de convertirse en la jefa de Misión Imposible: Bruselas Skyline”.
Europa y la información
Expertos consultados aseguran que el principal desafío no será la tecnología ni la seguridad, sino convencer a los Estados miembros de que compartan información sensible entre ellos.
“Francia no quiere contarle a Alemania lo que sabe. Alemania no quiere contárselo a España. España lo pierde en un Excel, y el Reino Unido ya ni está invitado”, resume un diplomático bajo anonimato (y bajo varias copas).
El nuevo servicio secreto europeo promete ser una herramienta clave para proteger el continente. En cualquier caso, la creación de una unidad de inteligencia común supondría un paso sin precedentes hacia una Europa más integrada en materia de seguridad y defensa. Si logra superar los recelos nacionales y la tradicional lentitud burocrática, podría convertirse en una pieza clave para fortalecer la autonomía estratégica de la Unión frente a amenazas globales cada vez más complejas.